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Casi todo por
vivir
A quellos
días
míos en el tribunal volaban: siempre de pie, detrás de losbarrotes,
canasadísima, era sin embargo, inamovibile en el propósito de
seguir los cambios de su expresión y fue una gran sorpresa verle
sonreír mientras hablaba con el abogado. Nunca olvidaré la calidad
de aquella sonrisa, la mirada, hecha de respeto, reserva, ternura;
alguien que sonrié de aquella manere, pensé, tiene que ser sin
duda especial. Estaba segura, nadie hubiera podido convencerme
de lo contrario.
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